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domingo, 14 de enero de 2018

MEDITACIONES. Escondido en la roca

Leer: Salmo 18:30-36 | La Biblia en un año: Génesis 33-35

Mateo 10:1-20. Señor, roca mía y castillo mío… (v. 2).

Se cuenta de un joven predicador llamado Augustus Toplady, que estaba paseando por la campiña inglesa cuando, de repente, apareció una tormenta. Toplady divisó una amplia formación rocosa con una grieta, donde se refugió hasta que pasó el temporal. Mientras estaba sentado resguardándose del diluvio, reflexionaba en la conexión entre su refugio y la ayuda de Dios durante las tormentas de la vida.

No tenía papel donde escribir, pero encontró un naipe en el suelo de la cueva y empezó a componer las palabras del amado himno «Roca eterna».

Escrito durante aquel tormentoso día de 1775, este himno ha sido, desde entonces, una fuente de fortaleza para los creyentes. Roca de la eternidad, fuiste abierta para mí; Sé mi escondedero fiel, solo encuentro paz en ti; Eres puro manantial, en el cual lavado fui.

Piensa en tus luchas. ¿Necesitas un lugar para refugiarte? ¿Te hace falta Alguien que te proteja de los ataques de la vida? ¿Precisas tener la certeza de que has sido perdonado? Tal como lo experimentó Toplady, podemos hallar refugio y seguridad en Dios.

No enfrentes solo las tormentas de la vida. Busca el amparo del Señor. Pídele que te proteja. Asegúrate de haber recibido su perdón. Acércate a la Roca de la eternidad; es el lugar más seguro.

Señor, gracias por estar seguro en tus brazos.
Cuando tu mundo se desmorona, Dios es la roca donde puedes permanecer firme.

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miércoles, 10 de enero de 2018

MEDITACIONES. Cultivar un corazón de siervo

Leer: Lucas 22:24-30 | La Biblia en un año: Génesis 25-26. Mateo 8:1-17

… yo estoy entre vosotros como el que sirve (v. 27).

Había sido un día largo en el trabajo. Pero, cuando llegué a casa, fue el momento de comenzar mi «otro» trabajo: ser un buen padre. Los saludos de mi esposa y mis hijos se convirtieron de inmediato en: «Papá, ¿qué hay para cenar?»; «Papá, ¿me traes agua?»; «Papá, ¿podemos jugar al fútbol?».

Lo único que yo quería era sentarme. Aunque parte de mí quería ser un buen padre, no tenía ganas de ocuparme de las necesidades de mi familia. Fue entonces que la vi: una tarjeta de agradecimiento que mi esposa había recibido de alguien de la iglesia. Mostraba un recipiente de agua, una toalla y unas sandalias sucias. Abajo, aparecían las palabras de Lucas 22:27: «yo estoy entre vosotros como el que sirve».

Esa declaración de la misión de Jesús —servir a los que había venido a buscar y salvar (LUCAS 19:10)— era exactamente lo que yo necesitaba. Si Jesús estuvo dispuesto a hacer la tarea más sucia por sus seguidores: lavarles los pies sucios (JUAN 13:1-17), yo podía llevarle un vaso de agua a mi hijo, sin quejarme. En ese momento, reflexioné que servir a mi familia no era una mera obligación, sino una oportunidad de reflejar el corazón de siervo de Jesús y su amor. Lo que nos piden hacer, son oportunidades de asemejarnos a Aquel que sirvió entregando su vida por nosotros.

Señor, ayúdame a estar dispuesto a servir.
El amor de Dios por nosotros nos da poder para servir a los demás.

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lunes, 8 de enero de 2018

MEDITACIONES. Un nombre

Leer: Filipenses 2:5-11 | La Biblia en un año: Génesis 18-19 Mateo 6:1-18

Para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla… (v. 10).

Cleopatra, Galileo, Shakespeare, Elvis, Pelé. Todos son tan conocidos que solo necesitan un nombre para reconocerlos.

Han trascendido en la historia por lo que eran y lo que hicieron. ¡Pero hay otro nombre que sobresale por encima de todos estos o de cualquier otro!

Antes de que el Hijo de Dios naciera en este mundo, el ángel les dijo a María y a José que lo llamaran Jesús, porque «él salvará a su pueblo de sus pecados» (MATEO 1:21) y «será llamado Hijo del Altísimo» (LUCAS 1:32). Jesús no vino como una celebridad, sino como un siervo que se humilló a sí mismo y murió en la cruz para que todo el que lo recibe como Salvador sea perdonado y liberado del poder del pecado.

El apóstol Pablo escribió: «Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre» (FILIPENSES 2:9-11).

En nuestros momentos de mayor gozo y de más profunda necesidad, el nombre al cual aferrarse es Jesús. Él nunca nos dejará, y su amor nunca fallará.

Jesús, tú eres el nombre sobre todo nombre, nuestro Salvador y Señor. Te alabamos al celebrar tu presencia y poder en nuestras vidas hoy.

«Jesucristo no es valorado en absoluto hasta que se lo valora por encima de todo». AGUSTÍN

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martes, 2 de enero de 2018

MEDITACIONES. Seguir avanzando

Leer: Filipenses 3:7-14 | La Biblia en un año: Malaquías 1–4
Génesis 4–6; Mateo 2

Prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús (v. 14).

Al pasar junto a una ventana que da al exterior del edificio donde trabajo, quedé asombrado ante la belleza de una flor que estaba creciendo a través de una grieta en el pavimento que cubría el suelo. A pesar de su circunstancia

adversa, la planta había encontrado un punto de apoyo,echado raíces en la árida grieta, y estaba floreciendo. Después, observé que un equipo de aire acondicionado, ubicado justo encima de la planta, goteaba agua sobre ella durante el día. Si bien su entorno era hostil, la planta recibía la ayuda necesaria del agua que caía desde arriba.

A veces, crecer espiritualmente puede ser difícil, pero, cuando perseveramos en Cristo, no hay ninguna barrera insuperable. Nuestras circunstancias tal vez sean desfavorables, y el desánimo quizá parezca un obstáculo. Sin embargo, si seguimos avanzando en nuestra relación con el Señor, podemos florecer como aquella planta solitaria. Así fue la experiencia de Pablo. A pesar de las enormes dificultades y desafíos (2 CORINTIOS 11:23-27), no se daría por vencido. Escribió: «Prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús. […] prosigo a la meta, al premio» (FILIPENSES 3:12, 14). Como Pablo, nosotros también podemos seguir avanzando con la ayuda de Aquel que nos fortalece (4:13).

Señor, fortaléceme hoy.
Dios nos da la fuerza necesaria para perseverar y crecer.

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jueves, 28 de diciembre de 2017

MEDITACIONES. Situaciones cotidianas

Leer: Proverbios 15:13-15 | La Biblia en un año: Zacarías 5–8. Apocalipsis 19
El corazón alegre hermosea el rostro; mas por el dolor del corazón el espíritu se abate (v. 13).

Coloqué las bolsas en mi auto y, con cuidado, salí del estacionamiento. De repente, un hombre se cruzó, sin darse cuenta de que yo salía. Apreté el freno a fondo y evité atropellarlo. Sobresaltado, él levantó la vista y se encontró con mi mirada… En ese momento, supe que debía decidir entre responderle enojada o sonreírle a manera de perdón. Sonreí.

El alivio se le vio en la cara, y sonrió agradecido.

Proverbios 15:13 dice: «El corazón alegre hermosea el rostro; mas por el dolor del corazón el espíritu se abate». ¿El escritor está diciendo que debemos sonreír frente a toda interrupción, decepción e inconveniente de la vida? ¡Por supuesto que no! Hay momentos para el lamento genuino, la desesperación e, incluso, el enojo ante las injusticias. Pero, en las situaciones cotidianas, una sonrisa puede brindar alivio, esperanza y la gracia necesaria para seguir adelante.

Quizá la idea del proverbio es que una sonrisa brota naturalmente de la condición de nuestro ser interior. Un «corazón alegre» está en paz, satisfecho y confiado en que Dios siempre hace lo mejor. Con esta clase de corazón, podemos reaccionar ante las circunstancias sorprendentes con una sonrisa franca, que invita a los demás a abrazar la esperanza y la paz que pueden experimentar en Dios.

Señor, ayúdame a reflejar un corazón gozoso. «… animaos unos a otros, y edificaos unos a otros…». 1 Tesalonicenses 5:11

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martes, 26 de diciembre de 2017

MEDITACIONES. ¿Cómo se le ocurre?

Leer: Mateo 17:24-27 | La Biblia en un año: Hageo 1–2. Apocalipsis 17

Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús (Filipenses 4:19).

Cuando un turista perdió su teléfono celular en la playa, pensó que no lo volvería a ver. Sin embargo, a la semana, un pescador lo llamó. Había encontrado el teléfono —que, tras secarse, seguía funcionando— en un bacalao de unos once kilos.

La vida está llena de historias insólitas, y, en la Biblia, encontramos varias. Un día, un recaudador de impuestos se acercó a Pedro y le preguntó: «¿Su maestro no paga el impuesto del templo?» (Mateo 17:24 NVI). Jesús convirtió esa situación en un momento aleccionador al explicarle a Pedro su rol como Rey. Los hijos de un rey no pagaban impuestos, y el Señor dejó claro que ni Él ni sus hijos debían impuestos al templo (vv. 25-26).

Pero, «para no ofenderles» (v. 27), le dijo a Pedro que fuera a pescar (esta es la parte insólita de la historia). Pedro encontró una moneda en el primer pez que pescó.

¿Cómo se le ocurre intervenir así a Jesús? Mejor dicho: Nadie mejor que Jesús para intervenir, ya que Él es el verdadero Rey… aunque muchos no lo reconozcan así. Cuando aceptamos a Jesús como Salvador, nos convertimos en hijos de Dios.

La vida será exigente con nosotros, pero el Señor proveerá lo que necesitemos. Como lo expresa el pastor David Pompo: «Cuando pescamos para nuestro Padre, podemos depender de su provisión».

Señor, gracias por proveer todo lo necesario. ¡Somos hijos del Rey!

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